Noches ahumadas

Llega el fin de semana.

A ti se te presenta como otro cualquiera: fiesta tras fiesta en la ciudad universitaria – la misma mierda de los últimos ocho meses. Pero tus amigos se mueren por salir, pillar y pasar un buen rato entre risas, canutos de ingenio rebosantes, copas con muchos grados y conversaciones a medio terminar, de esas cuyo hilo se disuelve tan rápido como el humo que las crea. (Eso sí, no vayan a juzgarlos, que aquí el tiempo se nos agota con cada bocanada de aire y este año, dicen, es uno de esos irrepetibles.)

Pues menos mal, porque vaya año ascoputo que estoy pasando, señores.

Total, que al final te acabas animado tú también porque sabes toda la gente de las que te has rodeado este último curso acabará por marcharse en unas semanas; que alguna anécdota graciosa y memorable va a salir del próximo encuentro, aunque al día siguiente sea muy probable que ni la recuerdes. Y si por la mañana hay que tirar de ibuprofeno y de la cámara de fotos para saber dónde perdí los pendientes, el bolso y la compostura… pues nada.

Que sí, que esta noche volvemos a cargar contra el asfalto alemán.

Hale.

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Acerca de Adelunes

Pies de pentadrama
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