Hoy

…me apeteció morirme en unos cuantos escalofríos recordándote como nunca te tuve.

El rumbo se me tuerce, naufrago y me doy cuenta de que no hay mordaza que calle tanto recuerdo. Me doy cuenta de que sigo echando de menos que me duermas las esquinas, que me tenses las cuerdas y me afines con las manos.

Tus caminos tan rectos, alemanes y perfectos, sin una curva que invite a mirar lo que dejas atrás, se me antojan serpenteantes cuando me arrastro por ellos jugando a ser tentación. Tentación que, más que tentar, suplica que vuelvas a amanecerme las noches y a inundarme los desiertos, pero de una forma mal disimulada que revela que este papel no es el mío: «Venga, chaval, que no hay peligro. Que ya no bailo con tus claves ni guían mis pies tus pentagramas.»

Pero mi yo perdido, el que no trata de engañarse, reza para que alguna flor te recuerde a la ninfa de Colonia, aquélla con la que fuiste lluvia y con la que empapaste todos los critales de la ciudad. Aquélla, la que una vez fue gota en tu piel.

El mismo yo que sabe que debe esconderse bajo el más grande de los abrigos. Que jamás me mirarás con los ojos que te lloran.

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Acerca de Adelunes

Pies de pentadrama
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