Me sucediste, como a un tal Neruda

Salió a pasear con los renglones y los tacones torcidos por el peso de tanto silencio. Un martes con perfume y escote de sábado. Buscaba el café más fuerte que a hostias le despertase de la realidad en la que dormía y las berlinesas más dulces que terminaran de agriarle la noche cuando llegara la hora de contar calorías y arrepentimientos, a eso de las 21:00. Salió a vestirse de río, a fumarse la tarde con cigarros de papel y a alimentar a los peces con las cenizas de sus ojos.

Salió a perder la fe y a regalar entradas al jardín de las delicias. Pero su templo no era museo merecido, sino escombros de madera carcomida y amores devorados por serpientes que tentaban con manzanas podridas.

….

Y, de la nada, sucedió: la parálisis fue moviento y el dolor se convirtió en una calma desconocida.

Se dio cuenta de que ya no de tenía la necesidad de comer flores e insectos para mantener vivas a las mariposas presas de su estómago. Dejó de arrancarse las pestañas y el cabello para desear mentiras imposibles. Ya no hacía falta embotellar los deseos en desinfectantes para que no le envenenaran la cabeza.

Sucedió que aprendió a terminar de conocerse y que las 21:00 pasaron sin pena ni gloria. Y sucedió que vio un resquicio de cerezo floreciente en la oscuridad de su habitación. ¡Y qué bonito amaneció! Como amanecen las olas después de una noche de tormenta: suaves y en paz, susurrando muy bajito y despertando con caricias a las piedras de los acantilados. Acantilados donde ya nadie amenaza con tirarse sin paracaídas para ver sus entrañas heridas expuestas a la sal de la mar.

La ciega ya no se empeña en recordar colores difusos, sino en tratar de explorar las flores con unas lentes nuevas y una boca con ganas de miel.

Sucede que ha hecho las paces con la mujer del espejo y se que han acabado los vacíos legales.  Se ha dado cuenta de que a partir de ahora llorará más por la entrepierna y menos por sus ventanas al mundo. Que en unos meses esta ciudad será pasto de otros bueyes y que el infierno se ha quedado vacío.

Y ahora llueve. Pero llueve limpio y fresco. Y por las mañanas el rocío de las ventanas ha sustituido al hielo que las quebraba. ¡Y qué bonito también! Que ya no se quiere víctima de Colonia y que la corona de flores esta vez no forma parte de ningún disfraz. Que agradece esas terribles comas que separan su sujeto de aquel predicado. Que su ausencia empieza a ser una bendición porque el agua helada merma los sentidos y detiene el corazón. Adiós a noviembre y buena suerte al enero del año que viene, que ya nadie echa de menos los 23 y que los 25 no se la hincarán por ningún sitio.

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Acerca de Adelunes

Pies de pentadrama
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4 respuestas a Me sucediste, como a un tal Neruda

  1. ksiklbo dijo:

    Como sacudirse el polvo de encima; me deleita todo renacer. Es fenomenal casarse y divorciarse de respiros.

    • Adelunes dijo:

      No podría estar más de acuerdo: es sorprendente lo vivo que puede sentirse uno después de haber estado tanto tiempo dormido.

      Muchas gracias por tu comentario, por dejarme saber que has compartido con pedacito de mi alivio 🙂

  2. Ese hermoso instante en el que creyendo que la muerte se aproxima, nos dejamos caer y renacemos.
    Un abrazo fuerte desde el Caribe.

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