Vértices estrellados

Al que no duerme:

Aquel disparo inmortalizó mil pensamientos, doscientas ganas y dos manos que luchaban contra la fuerza que a gritos las inmantaba. El acohol y el valor hacía mucho que se habían evaporado y con ellos el carmín de los labios que ella habría querido tatuarle por todo el cuerpo. En el baño de cualquier bar, en la esquina de cualquier callejón. En la madrugada de la Diagonal.

En la mente de él aún había esperanzas de irrumpir un portal entreabierto para alargar el alba entre sus piernas e invadirle la piel cuanto se dejara entre gemidos ahogados. A ella le habría encendido escucharlo; él nunca lo pensó tan alto.

Se miraron a los ojos, con los hilos quemándoles los dedos, preguntándose cómo enterrar los miedos de uno en las clavículas del otro.
– No puede estar escrito en las estrellas lo que no termina en supernova.
 Y con la explosión en sus entrañas se dieron media vuelta tratando de no mirar atrás, maldiciéndose por no haberse dado la oportunidad de dejar de ser cobardes.
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Acerca de Adelunes

Pies de pentadrama
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