Cuentagotas de fuego

Si se me permitiese culpar del desliz al café y a la canela, diría que te echo de menos, que se me sube tanto el pulso que no me queda otra que bajarme las bragas y que te duermo durante mis largas noches en vela.

Te juro que no se trata de la parte más imperfecta de mi disfraz de templanza, sino de las raíces que se enquistaron antes de que decidieras quitarme las flores de la cabeza a golpe de granadas y que todavía ahogan la calma de las dosis de morfina que me suministra el tiempo. Y me arrastran a querer volver a morir contigo.

No me bastó con soñarte en horas bisiestas ni con hundirme en el miedo de no volver a saberte jamás. Te avisté entre humaderas, paredes rojizas, nubes y museos a falta de castillos. En pisos demasiado altos y en lechos demasiado oscuros. Siempre volví. Volví a volverme. Volví a colocarte en ventanas y portales ajenos, impaciente por tropezarte de nuevo.

Volví.

Y -que dios me perdone- tú también has vuelto.

Y ahora sólo quiero volver a matarme contigo.

 

 

 

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Acerca de Adelunes

Pies de pentadrama
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